Una vez ya en casa y con
las ideas en frío, es hora de hablar del campamento Dolce Vita y todo lo que ha
supuesto tal experiencia. Todo aquel al tanto de la situación, conocerá la
existencia de aspectos negativos y de los cuales toca aprender pero aquí,
solamente quiero centrarme en todos esos momentos increíbles que me han
brindado los niños y los adolescentes participantes.
Y si algo ha hecho
posible que esta vivencia de una semana haya merecido la pena, es lo admirables
que resultan cada uno de los chicos y chicas del campamento.
Enfatizar una
característica general que me he encontrado en todos ellos, y visión que
también compartían los monitores de tiempo libre de El Teularet, y es la
cualidad de ayudarse en los distintos momentos del día en todas aquellas tareas
y actividades que iban realizándose.
Esa madurez dentro de la
inmadurez propia de su edad es uno de los aspectos positivos que te otorga la
diabetes, y que gracias a ello, puedan enfocar problemas en su rutina desde una
perspectiva única y no existente en personas que tienen sus mismo años. Por
ello, se convierte en una maravilla el ver la solidaridad que tienen a la hora
de ducharse, de irse a dormir, en las actividades que se realizaban por parte
de los monitores y en un largo etcétera.


Como responsable de un
grupo de 5 adolescentes, debo de agradecer el buen recibimiento que desde un
principio se me dio, y no sólo por mi grupo, sino por el resto de mayores y que
sin perder la autoridad, he podido disfrutar desde la cercanía todo lo que
ellos estaban viviendo en todo momento.
Así, aspectos como
modificar su insulina en función de la actividad que se iba a realizar, la
importancia que tiene el ejercicio físico dentro de la diabetes u otros temas
como el alcohol y el tabaco y lo negativo que es su práctica, son temas que
hemos abordado a lo largo de la estancia, y por mi parte, agradecer que se me
escuchara y estuvieran tan receptivos. Así, deseo que el mensaje les haya
llegado, aunque no lo dudo y espero que con el prisma de esa madurez, pongan en
práctica todo ello.
También quitarme el
sombrero hacía los monitores de tiempo libre de El Teularet, dado que su
proyecto me parece admirable, tanto a nivel de ocio como los distintos valores
medioambientales que inculcan, siendo tan necesarios en la sociedad que
vivimos. El agradecer que se volcaran con los chicos de tal manera, y aún sin
ser necesario, que hicieran que me sintiera uno más de su equipo y por todo el
apoyo prestado cuando los momentos difíciles aparecieron.