El pasado 26 de Octubre fue una de esas fechas que señalo en el calendario,
de esas que cuando llega el día la recuerdo con un sentimiento especial. Fue
hace 5 años, en las pistas de atletismo del Rio Esgueva, donde daba el último paso de mi recuperación tras
el debut diabético, debutando ahora sobre el tartán con mi nueva compañera.
Atrás quedaban los fantasmas surgidos tras mi paso por el hospital, mis 10
kg perdidos, aquél primer endocrino que me decía que me dejara el deporte o las
dudas de saber si iba a poder entrenar y competir como antes.
En poco menos de 4 meses, tras una lenta recuperación como ya narré en una
pasada entrada, había pasado de comenzar andando 20 minutos a volver a entrenar
con normalidad, y una vez se nos presentó la posibilidad de probarme, mi
entrenador de por aquel entonces Juan
Carlos Fuentes, el cual se volcó de una manera que nunca podré agradecérselo
como se merece, me habló de la oportunidad de competir, y aún con mis dudas, pesaban
más las ganas de volver a enfundarme los clavos.

Muchos motivos hacían que aquellos
100 m.l. fueran una carrera especial, y aún no acostumbrado a ponerme nervioso,
reconozco que tuve esos nervios pre competición que a veces aparecen.
Lo positivo pero difícil era que sólo tenía un rival, el atleta que se
había quedado antes de ir al intercambio donde la diabetes apareció, sólo
queriendo sentir si podría volver a tener las mismas sensaciones corriendo que
antes de aquel hecho.
Y qué decir, me hicieron falta poco más de 11 segundos para darme cuenta que ese
obstáculo que había surgido 4 meses atrás, no iba a impedirme nada o frenar mi
vida atlética. Si 3 semanas antes de diagnosticarme la diabetes había hecho una
marca personal de 11.66, ese 26 de Octubre, la rebajé en 24 centésimas.
Correr en 11.42 los 100 m.l. supuso para mí el eliminar todos los fantasmas
y dudas que tenía en mi cabeza, sabiendo que a partir de ahí todo volvería a la
normalidad en mis entrenamientos, y que aquellas barreras que algunos se habían
empeñado en ponerme, sólo existían en el miedo de no saber compaginar el
deporte con la diabetes.
Tengo aquel día como uno de los más felices que he vivido, por lo que
supuso con el atletismo, por descubrir que si ahí la diabetes no me iba a
limitar, tampoco lo haría en otro ámbito y muchos otros aspectos que a raíz de
aquello, fui aprendiendo y aplicándolo a mi vida.